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sábado, 12 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

Lana

Los calcetines van a sus respectivos cajones. Los pantalones se ponen de pie. Al frente, un pulóver dorado de mangas blancas dirige el mitin. Detrás, firmes y ordenados cromáticamente, otros buzos de menor jerarquía dan un paso al frente para marcar el inicio de la procesión.
-Tejidos del mundo, estamos congregados para declarar la sentencia del homo sapiens sapiens registrado como "Desconocido #641".

Los hilos se refriegan unos contra otros, el bullicio va en aumento y el pánico provocado con la tan sola mención del culpable empeora cuando las remeras entran, tarde como siempre, a la sala y se acomodan en sus perchas al costado del salón.
-Orden, orden en la sala. Este desconocido no solo mantiene tejidos en su haber sin etiquetarlos, sino que les ha dado un maltrato nunca antes visto. Pero mejor escuchemos el testimonio del Sir Arthur James Lacoste, un fino azul importado de Londres.
Ayudado por sus muletas, Arthur sube al estrado.
-"Lo que he vivido no se lo deseo a nadie. Ni siquiera a este rufián que se hace llamar dueño. En un día de por sí húmedo, algo que no ayudaba a mis envejecidas articulaciones, no solo tuve que sobrellevar la horrible rutina de estar pegado en un almacén de polillas con unos vulgares Nikes y algún que otro Vans..."

Varios buzos enloquecen e intentan agredir a la víctima, pero son frenados por camperas de cuero y cinturones que los echan de la sala, previo rociamiento de polillas lacrimógenas.

"...como venía diciendo, fui elegido. Me sentí en la gloria, uno siempre tiene esa sensación de que nunca va a volver a sentir la brisa. Pero que desgracia. Este orangután empezó a golpearme desde adentro, desde mis propias vísceras, me estiró las mangas, me arruinó mis costuras, me arañó mi cuello... ¿De verdad hace falta que siga?
-Necesitamos el testimonio completo, Sir.
"Como si esto fuese poco, el simio tropieza y cae por una ventana. Sé que es gracioso, pero no se rían, esperen que termine. Esta bestia no tiene mejor idea que usarme como paracaídas, idea digna de un mono por lo tonta, pero milagrosamente efectiva gracias a una indecorosa rama. Oh, el dolor que sentí, mis incorregibles quebraduras, mis pérdidas de tejido inútilmente compensadas por este ovillo que arrastro, son cosas que no tienen perdón..."
Los abucheos hacia el hombrecito envuelto en lanas resuenan, el juez pone orden y prosigue:
-Escuchemos la opinión del jurado.
Los doce sombreros de copa dan dos giros sobre sí mismos para declarar la unánime sentencia: Desconocido #641 nunca más volverá a usar ropa en su vida.
-¿Quiere defenderse, Desconocido? (le quitan las lanas de la cara).
-cof, cof...uf, señor juez, de verdad deberían mirar bien a Sir Arthur…tengo motivos para mi actuar...no vayan a creer que lo dañé para salvar mi vida.
-Peritos, verifiquen.
Unos guantes, malhumorados, despiertan y examinan a Arthur, que gime de dolor mientras lo doblan y retuercen. Alarmados, exclaman:
-¡Por las barbas de Ricky Sarkani! ¡Es un discontinuo!
-¡Vergonzoso!
-¡Desproporcionado!
-¡Horripilante!
-¡Vil!
-¡Ruin!
-¡Vulgar!
-¡Rastrero!
-¡Fermentado!
-¡Sucio!
-¡Apoliyado!
-¡Podrido!
-¡Zángano!
-¡Oloroso!
-¡Cuajo!
-¡Vencido!
-¡Inferior!
-¡Discontinuo!
-¿Y usted se hace llamar Sir?-exclama el juez- Debería darle vergüenza. Los cargos se levantan. Caso cerrado.

Los Nike y Vans irrumpen en la sala, usando a los cinturones como armas, mientras las camperas no hacen nada para frenar el cruel deshilachamiento del Sr. Arturo Jaime.

Lafran

lunes, 30 de noviembre de 2009

Ella tiene la culpa

Obladí, obladá
… paf se acabó.
Rayuela, capítulo 56 – Julio Cortázar

Y en la caída libre, el pulóver azul, aún prendido de sus muñecas, es embolsado y se comporta, entonces, como paracaídas. Bamboleándose en el aire y a metros de pisar tierra, la ve entrando al edificio.

––¡Eh, Molly!

Ella, sorpresiva, lo ve aterrizar a sus pies, sano y salvo. Se deja llevar por el malhumor.

––Ah, qué bonito. Yo esperándote como una marmota y vos jugando a volar.
––No, soy Lucho en el cielo con diamantes[1], para servirle ––intenta él, por medio del humor salvador.
––Te voy a dar ––afloja y lo desafía burlona––. Más que Lucho en el cielo, sos Lucho boludo, tanto que, si inventan una máquina de escupir boludos, te quedás trabado.
––No, no. Con diamantes, te dije ––. Luis logra desprenderse del pulóver (por fin) y lo apoya en la vereda. Encima de él, se arrodilla sobre una pierna (cual “Matador” Salas), y con una mano, que es la derecha, busca en los bolsillos del pantalón. Lo encuentra. Entonces cambia de pierna arrodillada, que era la derecha y ahora es la izquierda, “¿y la mano?”, se pregunta: la mano sigue siendo la derecha. La introduce en el bolsillo trasero derecho (el bolsillo, no el trasero, que es del pantalón, el bolsillo, no el trasero, aunque también). Consigue la cajita y toma la mano de Molly; su mano libre no logra abrir la cajita (¿por qué tanta resistencia?, ¿protección?), por lo que suelta la mano de Molly y se ayuda con la izquierda (es decir, la mano), para abrir la cajita. Revela el anillo y el diamante. Vuelve a tomar la mano de Molly.

––Molly, mi amor… ––y clava sus ojos en ella––. Querés… (traga saliva, tiembla, el corazón le sale por la boca y) ¿Querés casarte conmigo? (piensa en el Chavo del 8, “di que sí, di que sí, di que sí, ¿síiiiiiiiiiiii?”)

A ella se le llena el pecho de… De eso que llega hasta sus ojos. No puede contener las lágrimas (alegría, supongo).

––Sí, ¡sí! Más vale que sí ––lo levanta y se besan, tanto que da envidia.

Y colorín colorado, Luis volvió a subir los doce pisos, acompañado.

Juani (23/11/2009)

[1] Oíd, mortales: “Lucho en el suelo con diamantes” – en Un giro extraño, La Chicana.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Va flotando en el aire que se convierte en viento. Todo es un instante de vertiginosa humedad azul que lo lleva hacia abajo, que lo sostiene antes de llegar. Imagina las caras de aquellos que lo ven descender. Imagina también las de quienes recién lo verán cuando su viaje acabe. Todos estupefactos, mirando a un pobre hombre enmarañado dentro de un pulóver, descifrando si fue descuido, negligencia o feliz suicidio.



Naty. (Moro)

viernes, 27 de noviembre de 2009

Aprovechando que mis ojos se liberaron del sweter y tenía mi mano ennegrecida disponible, sali y baje en el asensor, abajo me encontré con el encargado del edificio, que al ver mi estado de lamentación decidió ayudarmeEmpezó a tirar para abajo, pero no corría, estaba atascado sobre mi nariz, por lo que decidió tirar para arriba, mis ojos quedaron otra vez en la oscuridad. Tiro y tiró con toda su fuerza, hasta que logrósacármeloo, quede todo pegoteado con lana, mi transpiración y mi baba. Indudablemente no podía salir así, por lo que subi a cambiarme, cuando estaba en esa tarea, llegó mi mujer cansada de esperarme.Vió el sweter y se indignó porque lo había arruinado.Es de Manuel, no te das cuenta, que es chico