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viernes, 20 de noviembre de 2009

Por eso escribo
Detalle del forense
...Hundimiento de cráneo, desprendimiento de pabellon auditivo oido izquierdo, hundimiento de tórax, fractura de costillas costado izquierdo, rotura de manguito rotador hombro izquierdo, desprendimiento epifisario muñeca izquierda, fractura de cadera, heridas y contusiones de diferente profundidad en todo el cuerpo y en el rostro...
_tomen nota y pregunten todo. Dice el médico a los practicantes._Estas son las fotos que tomó el personal de bomberos. Todo es de suma importancia para el juicio de la ART. Cada detalle o cosa que llame su atención lo dicen, si?Acá en este cesto esta la ropa, lo que quedó del casco y algunos objetos personales. Uno de los practicantes revisa la ropa con la lapicera.
_ en el pantalón hay unas letras... o rayas, no se si llegan a ser letras. Fíjese, puede ser?
_ Si -contesta el médico- aparentemente intentó escribir algo. Fue todo muy rápido.
Charla con la mujer
Ya tenés que salir? Aunque sea sentate y come algo, compartí un momento con nosotros. Nunca haytiempo para hablar. Claro ahora ya es tarde, en una hora no llegás. No decís nada. Igual que en el laburo.Estarías mejor. No te pido que salgamos o que vengas a lo de mamá, pero nada loco, es la nada. El pobre chico te re extraña...sabes que tenemos un hijo no? Hace cuanto que no jugas con él, la otra vez le pateaste la pelota con el bolso al hombro mientras cerrabas la puerta , y con eso andubo contento todo el día. Ya se que estás cansado, que el laburo es una mierda... yo tambien estoy cansada, pero quiero estar con vos. Te extraño. Dale andá, despues hablamos.
El viaje
Yo laburo todo el dìa. Hago todo, toda esa mierda para ellos y aparte tengo que hablar y estar contento.La puta que los parió, llueven dos gotas y se inunda todo, voy a tener que dar la vuelta. Tiene razón la Flaca,pero no se que más hacer. Asi repleto no va a parar el conchudo. Si corro agarro el tren. Tiene razón ... pero dejame de hinchar las palotas si es obvio que los quiero, que me rompo el alma para que sigamos en esa casita. Caballos. Auto incendiado. Defe capón. Vieja con medias de vestir valdea la vereda. Viejo de la cicatriz (que olor tiene por dios). El trabajo
Hoy va a estar más tranqui, como llovió._ Che gringo, donde están las planillas? Así ya las voy llenando y adelantamos un toque.
_ Las llena el nuevo. Hoy baja vos, si? Dice sin mirarme, como siempre.
_ Listo. Mejor, es mas sucio pero no hablo con nadie. Que laburo de mierda. Barro. Hago mejor otras cosas. Voy adecirle al Gringo. Que garrón, es medio ortiva.
_ Y... te falta mucho? Me grita desde arriba.
_ No, ya casi lo tengo... Che guardenme un cacho no sean guachos! Intento ser gracioso mientras los trozos detierra que se desprenden me golpean la cara. El olorcito que llega me está matando... De pronto la oscuridad, el griterío, las sirenas, y todo se va alejando.La tierra cada vez pesa más, como la angustia por lo que no dije. "LOS AMO". Ya está chicos, siento que es tarde. Por eso escribo.
Emiliano Cerman

miércoles, 21 de octubre de 2009

Historia de la conformación del pseudointelectual con aires elitistas en la Argentina

10/09/2009

Historia de la conformación del pseudointelectual con aires elitistas en la Argentina

Se sabe que hoy día se pasan el tiempo discutiendo cuestiones formales del discurso, el sentido y la semiótica de sus escritos en conferencias supercaras en hoteles ultralujosos, de las que nadie tiene ni la menor idea. Pero la dicotomía “intelectual/sociedad” tuvo su origen en una herida al orgullo y su consiguiente despecho.
Cuenta la historia que un consagrado escritor solía vestirse de civil para pasar desapercibido y deambulaba entonces por bibliotecas, librerías y casas de estudio, para vigilar la reputación de sus libros y artículos. Así fue que tras quedar satisfecho luego de uno de sus recorridos en búsqueda de vanidad, decidió refugiarse en un café. En el momento de abonar la promo “submarino + 2 churros de dulce de leche”, dejó caer accidentalmente una moneda, y lo que vio cuando se dispuso a juntarla lo sacó de quicio: un libro suyo soportaba una pata coja de la mesa. Cegado por la cólera, volteó la defectuosa cuadrúpeda, recogió su libro y su moneda, y se escapó corriendo, mordiéndose la rabia y maldiciendo por lo bajo, atropellando a toda la gente que se anteponía en su camino.
Llegó a su casa, “te estábamos esperando, hice milanesas con puré, tu comida preferida”, le dice su madre, pero hizo caso omiso y se encerró en su habitación, ahogando sus lágrimas en la almohada y pataleando el colchón. Desde afuera, sus padres le exigían una explicación, pero en ese momento un solo pensamiento revoloteaba en su cabeza: “Pucha, digo, ¿por eso escribo?”.

Juan Ignacio Domínguez.

Comunicación

04/09/2009

Comunicación
Yo cantaba, ¡qué feliz que era! La liberación arriba del escenario con el acompañamiento de la banda, la mutua entrega absoluta con el público, los lugares que conocí gracias a la música. Y a la par, mi otra pasión, mis días de radio. La enorme variedad de personajes y actos que desenvolvía delante del micrófono eran los pequeños “yoes” que, me di cuenta, constituyen mi ser y me producía una enorme alegría.
Hacía lo que siempre había querido, agradecido eternamente a la vida y a mi público. No fue fácil, claro, horas y horas de arduo entrenamiento con mi herramienta principal de trabajo, mi preciada voz.
¡Qué mano oscura me jugó el destino!, esa noche primaveral en una casa de comidas típicas en Flores. “Empanadas de carne, bien picantitas, eh”, le había indicado al mozo, quien me las trajo 15 minutos luego con una infernal actitud servil. El contacto con la carne, que siempre se espera precioso, fue fatal. La quemadura que me produjo tanta concentración calórica, sumado al picantísimo ají, arruinó mis cuerdas vocales.
Todavía hoy, como acto reflejo de aquél trágico hecho, bebo litros y litros de cerveza helada que intentan calmar mi dolor. Nada pudieron hacer los cirujanos, mi carrera vocal cayó por la pendiente, como niño que se lanzó de cabeza por un tobogán, se estrelló y se rompió los dientes. Sólo el lápiz y el papel quedaron conmigo, por eso escribo.


Juan Ignacio Domínguez.





viernes, 2 de octubre de 2009

Por que escribo?


Escribo por lo excitante del infinito de los: (Gracias Psico-poeta)

Por desvirgar el blanco papel, darle valor a la invención

la mano, la pluma, la tinta y la hoja

Por que me gusta comunicar y comunicarme

por los puntos, las letras y las comas

por que me acercan ,me alejan y me vuelan

por que me gustan las palabras y los fonemas

por la música y como suenan

por que son putas y son gratis

por que las destruyo, las construyo , las distribuyo y las chamuyo

por que las tergiverso en un verso por el texto, el pretexto y el contexto

por el verbo, el adjetivo y el sustantivo ha predicado mi sujeto

por que me gusta escuchar y escucharme

para llegar de un blablabla a un jajaja

para dejaros con los ojos, las orejas y las bocas abiertas

mientras yo como las moscas me froto las manos con la lengua

Por que soy Sir Frankenstein Val derrama el narco-poeta de la rúa

Pero como dicen en mi barrio: ¡más claro!

ESCRIBO POR QUE ME GUSTA Y QUE CHUCHA!!!

Sir Frankie De Rama

jueves, 1 de octubre de 2009

- Creo que podría estar mil vidas contestando tu pregunta -, me dijo. Después de un sorbo de café, agregó que “todo y nada” eran buenas excusas.

Nos quedamos en silencio, mirando a los otros: una mujer en otra mesa hablaba sin parar, y pensé que quien estaba con ella dudosamente estuviera escuchándola; un grupo de chicos entraba por la puerta, envuelto en risas, y el señor con ese enorme diario los miró por sobre sus anteojos, haciendo un gesto con la cabeza.

Había caído la noche. Enfrente, la plaza estaba llena de gente. En el recorrido, mis ojos se encontraron con los de mi compañero, que sonreía un poco. Finalmente, me dijo:

- Porque me conecta con lo que más me gusta de mí... por eso escribo.


Naty.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Por eso escribo

Te despiertas durante la salvaje mañana,
Que convierte a la diva en normal,
Pero cual Diosa, no te importa estar al natural.

Con tus labios secos,
Por los besos que no dejaste atrás,
Con tu despeinado sensual,
Signo de batalla campal.

Tu risa cómplice,
Al escribir un poema en tu piel,
Que el espejo no tiene,
Efecto en semejante mujer.

Por eso escribo, para no olvidarme,
De aquel día, de tu mirada y tu voz.
Por eso escribo, para recordarte,
Que yo no soy un príncipe,
Ni siquiera soy azul,
Pero cuando quieras me disfrazo de Robin Hood.

Por eso escribo, para que sepas,
Todo lo que siento,
Simplemente por eso, escribí esto.

Juan Pablo Blanco

Historia de la conformación del pseudointelectual con aires elitistas en la Argentina

Se sabe que hoy día se pasan el tiempo discutiendo cuestiones formales del discurso, el sentido y la semiótica de sus escritos en conferencias supercaras en hoteles ultralujosos, de las que nadie tiene ni la menor idea. Pero la dicotomía “intelectual/sociedad” tuvo su origen en una herida al orgullo y su consiguiente despecho.

Cuenta la historia que un consagrado escritor solía vestirse de civil para pasar desapercibido y deambulaba entonces por bibliotecas, librerías y casas de estudio, para vigilar la reputación de sus libros y artículos. Así fue que tras quedar satisfecho luego de uno de sus recorridos en búsqueda de vanidad, decidió refugiarse en un café. En el momento de abonar la promo “submarino + 2 churros de dulce de leche”, dejó caer accidentalmente una moneda, y lo que vio cuando se dispuso a juntarla lo sacó de quicio: un libro suyo soportaba una pata coja de la mesa. Cegado por la cólera, volteó la defectuosa cuadrúpeda, recogió su libro y su moneda, y se escapó corriendo, mordiéndose la rabia y maldiciendo por lo bajo, atropellando a toda la gente que se anteponía en su camino.

Llegó a su casa, “te estábamos esperando, hice milanesas con puré, tu comida preferida”, le dice su madre, pero hizo caso omiso y se encerró en su habitación, ahogando sus lágrimas en la almohada y pataleando el colchón. Desde afuera, sus padres le exigía una explicación, pero en ese momento un solo pensamiento revoloteaba en su cabeza: “Pucha, digo, ¿por eso escribo?”.

Juan Ignacio Domínguez

Por eso escribo

Porque Hitler, Menem y Bush.

Porque las razas no existen y

Todos deberíamos ser iguales ante los ojos del otro,

Valorizando en vez de discriminar las diferencias.

Porque mi madre, mi padre y mis abuelos.

Porque mucha sangre inocente ha corrido

En el nombre de un dios que no existe,

Y mucha hipocresía llena hoy la palabra de la iglesia.

Porque Huxley, Orwell y Bradbury.

Por las multinacionales multimillonarias, y

Por la fuerza de trabajo esclavizada

Que alimenta el consumismo desenfrenadamente globalizado.

Porque la violencia, el fraude y la apatía.

Por la decana y el centro de estudiantes,

Que parecen interesarse por la educación gratuita y laica,

Pero sólo se nutren de poder.

Porque Descartes, Watzlawick y Berger y Luckman.

Porque creo y luego existo, y

El lenguaje construye la vida cotidiana en la comunicación,

Ya que la información que se maneja es clave en nuestra socialización.

Porque Placebo, Los Ramones y Nirvana,

Porque mejor sí hablar de ciertas cosas,

Ahora que no hay que exiliarse ni quemar libros en el patio, y

Porque los argentinos no somos ni derechos ni humanos.

Porque Tinelli, Rial y Wanda Nara,

Porque, si las dejamos, las palabras crean el pensar que nos libera,

Porque las mujeres no somos pedazos de carne, y

Los cuerpos desnudos me enceguecen.

Porque Sábato, Cortázar y Wilde.

Porque el sujeto está atravesado por la palabra, y

Porque hoy día está demasiado desvalorizada

la maravillosa posibilidad de cambio que conlleva.

Porque Foucault, Castoriadis y Piaget,

Porque los fonemas también nos interpelan, dan sentido,

Penetran e iluminan al alumno, y

Porque nuestras neuronas sí se reproducen.

Porque la psicología, la filosofía y la sociología.

Porque no deben torturarnos, idiotizarnos, ni censurarnos,

Porque nuestra voz siempre la escuchará alguien

Y porque un pueblo unido jamás será vencido.

Porque Capusotto, Will Ferrell y Michael Moore

Porque no quiero más repeticiones incansables de lemas publicitarios

Que intentan convencernos, conformarnos y estereotiparnos, y

Porque violencia es mentir.

Por el cáncer, el hambre y la gripe A.

Porque hay que contar cuentos para que no nos hagan el cuento, y

Porque que se vayan todos, o

Por lo menos dejen de robar dos años.

Porque Julio López, John Lennon y Gandhi.

Porque soy un soñador, pero no soy el único.

Porque NUNCA MÁS. Por eso escribo.

Antonella D'Alessio

martes, 29 de septiembre de 2009

Ahora en la soledad de mi existencia

Ahora en la soledad de mi existencia, se que puedo decir lo que quiera y ponerlo en una hoja.

Puedo decir que viví y que quiero seguir viva, a pesar de lo lejos que veo, lo que pensé que era mi vida. Porqué cambia todo de repente, algo tan común pasa a ser tan irreal y eterno, complejo, el fin y la muerte. Porque no puedo sostener esta lágrima que cae por mi cara, sin pedir permiso.

Porque será que si las emociones no se expresan, ellas buscan solas liberarse e irrumpir de forma brusca, sin darte tiempo a nada. Como un accidente de la vida, de la naturaleza, así como cuando el mar se vuelve bravo y las olas rompen en tu cuerpo y te inundas en aguas oscuras

Porque el dolor es dueño de mis palabras, se apodera de todo, en la oscura soledad de la tarde.

Escribir es como llorar, reír, amar, vivir y morir. Es quedar en la eternidad.

Por eso escribí y escribo, aunque esta vez, sola se me escampó la tristeza

Ana Victoria Sirena

lunes, 28 de septiembre de 2009

Raro

Como la piel de la serpiente que pocas veces me tocó ser me renuevo con el tiempo, no porque quiera aunque en el fondo quizás sí, pero irremediablemente. La diferencia es que ella cambia a lo mismo que fué pero con mas color, en mi caso la paleta es considerablemente mas extensa.

La otra mañana amanecí siendo un castor. Me molestó mucho porque tras hacer de salmón un mes entero, construir diques no solo me requirió adquirir cierta técnica sino también sortear algún que otro dilema moral. Por suerte los dientes afilados roen fácil esa extraña virtud. Lo que mas me costaba era cuando me recostaba a ver el río y pensaba en el día que sea pájaro y que mal estaría que justo me toque un nido de los que ahora eran golpeados por la corriente. Pero me dispersaba rápido al escuchar su inocente canto, aparte quien sabe, quizás ellos también fueron castores.

En realidad nunca me tocó ser algo que no tenga en sí una naturaleza que se contraponga, pero dentro de todos mis cambios tenía recaídas frecuentes como paloma. No me agradaba verme al espejo cuando era una, pero tenía el consuelo de ser un observador de la ciudad y toda su crudeza desde un punto de vista único. Ver esos seres que tenían una habilidad incluso mayor que la mía para metamorfosear me generaba una mezcla de espanto y asombro que calmaba mis dilemas. Quizás en el fondo seamos lo mismo, solo a distintos ritmos. Pero prefiero no pensar en esto porque la última vez que me quedé con esa conclusión desperté como un parásito en las entrañas de quien sabe que bicho, forma en la cual sigo así como sigue mi horrible conclusión dándome vueltas.

Notarán la dificultad que me implica saber en que debería finalmente convertirme, o al menos en que forma intentar permanecer por mas tiempo. No es que realmente pueda decidirlo, somos millones aquí dentro y sería muy presumido de mi parte pensar que soy una mejor infección que ellos, pero al menos podría desearlo. De última, tengo la esperanza de que algún desprevenido que choque con estas letras pueda darles un significado y decírmelo. Por eso escribo.

Lafran

Pasión

Sin previo aviso

nace como una catarata

inmensa, arrolladora, inevitable

Sabe un espíritu en su interior

impulsando esa gran masa de agua

a fluir, a seguir… su destino

aunque parezca (un rumbo) sin sentido

Emoción que continúa

Por azar o no,

cambia su color

A veces cristalina

por momentos se torna oscura

toda esa blanca espuma

Será la oportunidad de ser?

No se responde, sigue su camino

Pasión arrolladora, inevitable

Pura burbuja

Necesitas rodar y rodar

Danzando

Monstruosa sin detenerse

Va atravesando montañas

y algún peligro

Abriéndose paso llega al mar

Tan calmo como azul radiante

Y finalmente SE

Que por él vivo, por eso escribo

Lola. Septiembre 2009.